Cuentos para niños sobre la Responsabilidad

Los amigos del Amazonas

En uno de los parajes más hermosos y profundos de la amazonia peruana, vivían tres pequeños amigos:

Delfino, el delfín rosado; Otto, el otorongo y Colín la colibrí.

Los tres se encontraban a diario para jugar y pasarla bien, siempre debajo de un enorme árbol de caoba que había crecido a la orilla del río Amazonas.

El lugar estaba rodeado de bellas flores de distintos colores que combinaban con el inmenso cielo que se reflejaba en el río.

Los tres amigos eran inseparables, ¡Les encantaba hacer todo juntos!

Pero, cuando llegó la temporada de lluvias, cada uno se tuvo que mudar.

Delfino y sus papás se fueron a vivir a la zona alta del río.

Otto viajó a lo profundo de la selva en donde podía descansar sin que lo molestaran.

Y Colín se dedicó a explorar los rincones más secretos de toda la selva.

Cuando por fin las lluvias pararon, los tres amigos se encontraron muy cerca de su lugar de juegos.

¡Así que fueron a visitarlo!

Grande fue la sorpresa que se llevaron cuando llegaron:

Todo allí era diferente. Estaba destrozado, las ramas del árbol lucían caídas, las hojas estaban tiradas por todas partes y las flores se habían marchitado.

Otto y Colín no podían creer lo que estaban viendo.

El lugar donde habían disfrutado buenos momentos había dejado de existir.

En ese momento, ¡a Delfino se le ocurrió una gran idea!

“Vamos a reconstruirlo!”, Exclamó el delfín.

“¡Qué gran idea!”, Dijeron en coro Otto y Colín,

Y entonces, organizaron un plan:

Durante los siguientes 7 días se reunirían allí para reconstruir aquel mágico espacio en el que habían jugado y reído.

Durante los primeros días, Delfino y Colín llegaron temprano, pero Otto se aparecía muy tarde y, a mitad del día, se iba a un lado a descansar.

Delfino y Colín fueron pacientes con su amigo por dos días, pero para el tercero hablaron muy seriamente con él.

"Otto, para que este lugar quede lindo, ¡necesitamos tu ayuda!"

Dijo Delfino.

"Amigo, todos nos comprometimos y tenemos que ser responsables"

Agregó Colín.

"Otto, si pones de tu parte, habremos vuelto hermoso nuevamente este lugar."

Otto notó que sus amigos se habían esforzado muchísimo.

Delfino había limpiado la orilla del río sin descanso y Colín había levantado ramitas y hojas con toda la fuerza de su pequeño cuerpo.

"Lo siento, amigos"

Dijo Otto.

"Les he estado fallando. A mí me gusta más jugar y dormir,"

"pero les juro por mis manchas que esto cambiará."

"¡Vamos a hacer que este lugar sea más bello que nunca!"

Desde ese momento, Otto empezó a colaborar ejemplarmente y puso todo de su parte para cumplir con el objetivo trazado, inclusive sembró flores exóticas que trajo de diferentes lugares.

Al séptimo día, terminaron según lo planeado y el lugar de sus sueños era nuevamente hermoso.

Delfino, Colín y Otto estaban muy felices pues sabían que se divertirían ahí, pero también porque habían recuperado un lindo hábitat que podrían disfrutar todos los animales de la selva.

Cuando llegó el atardecer, los tres amigos se juntaron antes de despedirse para contemplar su obra.

El sol se ocultaba, pero una valiosa lección se había grabado en la memoria de cada uno:

Para lograr un objetivo en común, hay que esforzarse y demostrar compromiso y responsabilidad en todo momento.

Fin

Las dos ardillas

En un bosque lejano, vivían un par de simpáticas ardillitas llamadas Ada y Adolfo.

Ellos eran hermanos y asistían juntos a la escuelita del bosque,

un lugar en donde los animales compartían conocimientos unos con otros.

Ahí, Ada brillaba por ser una alumna ejemplar,

mientras que Adolfo era conocido por distraerse todo el tiempo en clase.

Quienes los conocían no podían entender cómo aquellos hermanos podían ser tan distintos.

Ada se esforzaba por aprovechar cada segundo y cada enseñanza de sus profesores.

Si bien le gustaban todas sus clases,

sus preferidas las dictaban el Señor Castor,

un experto en construir con ramas y troncos,

y la Señora Ave, quien enseñaba a armar lindos nidos de paja.

Por su parte, Adolfo no mostraba ningún deseo por aprender.

Sus maestros, preocupados por el poco interés de Adolfo,

se acercaban a él para preguntarle si había entendido la lección

o necesitaba que le ayuden a resolver cualquier duda que tenga.

"Adolfito, ¿qué te pareció la clase de hoy?"

Preguntaba el Señor Castor.

"Si no te queda claro algo,"

"dímelo y vuelvo a explicar."

"No se preocupe, profesor. ¡Todo clarísimo!"

Respondía Adolfo.

Sin embargo, Adolfo no entendió nada y solo pensaba en el término de las clases,

en irse a jugar con su hermana, a saltar entre las ramas

de los árboles o buscar juntos las ricas nueces que abundaban en el bosque.

Si bien Ada disfrutaba cada momento de diversión con Adolfo,

también sentía preocupación por el nulo interés que demostraba hacia las clases.

Una tarde, luego de la escuela,

Ada se puso muy seria y le llamó la atención a su hermano.

"Adolfo, tienes que prestar atención a los profesores."

"¡Ay, hermanita, no seas aburrida!"

Contestó Adolfo.

"No pensemos en eso y mejor, acompáñame a saltar entre las copas de los árboles."

"¡He practicado un nuevo súper salto!"

"Adolfo, entiende que hay un tiempo para divertirse"

"y también otro para aprender, y tú no lo estás aprovechando."

"Está bien, entiendo…"

Dijo Adolfo para salir del paso.

"Te prometo que cambiaré, pero ahora,"

"¡déjame que te muestre mi súper salto!"

Este tipo de conversaciones se repitieron una y otra vez,

y siempre Adolfo hacía la misma promesa, pero nunca la cumplía.

Un día, la temporada de lluvias llegó al bosque

y se desató una fuerte tormenta.

Ada y Adolfo se encontraban en la escuela y vieron, desde ahí,

cómo el cielo se cubría de nubes negras y rayos empezaban a tronar fuertemente.

Uno de esos rayos cayó cerca de la zona donde vivían Ada y Adolfo,

así que las dos pequeñas ardillas salieron a toda prisa para ver qué había pasado.

Pero, al llegar, se dieron con la amarga sorpresa de que su hogar estaba totalmente destruido.

Adolfo no sabía qué hacer.

"¿Y ahora qué hacemos?"

"¡Ya no tenemos casa!"

Le dijo Adolfo a su hermana.

Sin embargo, Ada se mantuvo calmada, analizó la situación e ideó un plan.

"Ayúdame a encontrar ramas y paja."

Le pidió Ada a Adolfo, quien no entendió la rara petición.

Ada le explicó a su hermano que debían construir un refugio temporal

y, para ello, tenían que poner en práctica todo lo aprendido en sus clases.

"¡Pero yo no aprendí nada!"

"Estuve de ocioso todo el tiempo."

Exclamó Adolfo.

"No te preocupes"

Contestó Ada.

"yo me encargo, pero necesito tu apoyo y que me prometas que,"

"a partir de este momento, le des más importancia a lo que haces con tu tiempo,"

"porque la próxima vez yo tal vez no esté allí para ayudarte."

"Está bien, hermanita, ¡lo juro! Ahora sí lo voy a cumplir."

Tras esta promesa, las dos ardillas pusieron manos a la obra

y, con mucho esfuerzo, lograron construir un bonito refugio

con paredes formadas por ramas y un techo tejido con pajas.

Cuando Adolfo vio lo bonito que había quedado,

se sintió feliz, no solo porque ahora ya tenía un lugar para vivir,

sino también porque había aprendido una valiosa lección gracias a su hermana:

el tiempo es valioso y, por eso, hay que aprovecharlo,

haciendo lo que nos gusta

y aprendiendo lo que nos puede servir para el futuro.

Fin

Las aventuras de Iseo

En la antigua ciudad de Dínamo, todos los niños admiraban las aventuras de los grandes héroes y heroínas.

Uno de estos pequeños era Iseo, quien era conocido en la ciudad, no por su fuerza o valentía como futuro héroe, sino porque inventaba excusas cada vez que no cumplía con un compromiso.

Un día, el gran sabio de la ciudad, el maestro Ciro, retó a sus alumnos para evaluar su responsabilidad y compromiso.

Chicos, en un pueblo cercano se encuentra la gran heroína Valentina, y hay que entregarle un pergamino con mucha urgencia.

¿Quién de ustedes se ofrece a llevárselo?

Todos los niños dijeron “¡yo!”, pero el más entusiasta era Iseo, lo cual sorprendió al maestro.

Iseo, ¿cómo puedo confiar en ti si, cada vez que se te pone a prueba, no la cumples con responsabilidad y metes en problemas a los demás?

Por ejemplo, en la excursión al bosque de hace un año, tenías que cuidar la comida y esta desapareció por completo.

¡Fue culpa de unos malvados osos!...

Pero después encontramos frutas en el bosque y todo estuvo bien.

La verdad era que un par de osos parlanchines se habían acercado al campamento e Iseo se hizo muy amigo de ellos y les dio toda la comida.

Cuando se dio cuenta que había actuado sin pensar en los demás, inventó otra historia para que sus compañeros no se molestaran con él.

¡Por favor, maestro, deme una última oportunidad! – suplicó Iseo –

Prometo que no fallaré.

El maestro Ciro confió una vez más en su alumno y le dio el pergamino para que lo entregara muy temprano al día siguiente.

Sin embargo, Iseo se quedó jugando hasta muy tarde y no se despertó a la hora debida.

El maestro Ciro fue a buscarlo, e Iseo, como siempre, ofreció una excusa.

Lo que pasa es que el día está muy nublado y no me di cuenta de que ya había amanecido.

El maestro Ciro estaba molesto y, a la vez, preocupado.

Maestro, no se preocupe, ahora mismo salgo y llevo el pergamino.

Iseo, ya es muy tarde -dijo con seriedad el maestro –

En el pergamino, le pedíamos ayuda a la heroína.

Lo que pasa es que se ha reportado que unos lobos enormes aparecen por la noche y les gusta asustar a las personas.

Queríamos encargarle a la heroína la misión de espantarlos.

Pero, a esta hora, probablemente ya debe haber partido a otra misión.

Entonces, Iseo se dio cuenta de que lo que había hecho tenía consecuencias.

¿Qué podría hacer ahora?

Tenía que haber alguna forma de remediar lo que hizo.

Se puso a pensar y se le ocurrió una idea.

A la mañana siguiente, llevó al maestro Ciro al bosque cerca de la ciudad.

Maestro, hay una forma de ahuyentar a esos lobos.

Le presento a Uri y Uli.

Entonces, dos grandes osos salieron de unos arbustos.

El maestro Ciro se asustó, pero los animales eran bastante tranquilos y amistosos.

Eran los osos amigos de Iseo.

Hola, Iseo. Estamos listos para ayudarte – dijo Uri.

Sí, cuenta con nosotros para lo que necesites – agregó Uli.

Iseo le contó a su maestro que eran los osos que había conocido hace un año durante la excursión al bosque.

Además, tuvo que confesar lo que había pasado aquella vez con la comida.

Discúlpeme, maestro, por todo – dijo Iseo – Estoy tratando de corregir lo que he hecho y creo que mis amigos pueden ayudarnos con el problema de los lobos.

El maestro Ciro valoró el cambio positivo de su alumno y lo disculpó.

Entonces, Iseo le explicó a él y a sus peludos amigos cuál era el plan para solucionar el problema con los lobos.

Aquella noche, los lobos salieron como siempre a merodear buscando a quién asustar, cuando de pronto, se escucharon dos feroces rugidos que terminaron por asustar a los lobos.

¡Escuchen, lobos! – exclamó el oso Uri –

¡No son bienvenidos en esta ciudad!

¡Así es! – agregó su hermano – Se acabaron los sustos a las personas, porque desde ahora nosotros los protegemos.

Ante esos temibles osos, a los lobos no les quedó otra que irse corriendo para no regresar nunca más a Dínamo.

Iseo y el maestro Ciro agradecieron a los osos, quienes se volvieron protectores de la ciudad.

Por su parte, Iseo dejó de ser conocido como el chico que siempre encontraba alguna excusa, y se hizo por el contrario de una reputación de joven responsable, que siempre asumía sus responsabilidades, ayudaba a los demás, corregía sus errores, y aprendía de ellos.

Poco a poco, Iseo se fue transformando en un ejemplo para los demás, como uno de los héroes que él tanto admiraba.

Fin

Pandora y la madre naturaleza

Hace mucho tiempo había un lugar llamado Villa Pradera en donde vivían miles de animales en paz y armonía.

Sin embargo, había un problema que estaba creciendo.

¡Cuánta basura hay! – dijo preocupada Pandora, una pequeña panda.

Ella veía que, cada vez que pasaba el camión de la basura, su papá y otros vecinos sacaban más y más bolsas con el pasar de los días.

Muchas de ellas llenas con los restos de alimentos, como cáscaras de frutas o verduras.

Entonces la pequeña panda se dio cuenta de que en Villa Pradera nadie separaba los residuos y tiraban toda la basura.

Esto generaba que los niveles de basura en toda la ciudad sean altísimos y la contaminación aumente, lo cual perjudicaría a todos: desde las plantas que empezarían a marchitarse, hasta los mismos habitantes de Villa Pradera, cuya salud se vería afectada.

¿Cómo puedo hacer para que no haya tanta basura? – se preguntó Pandora.

La pandita estaba muy preocupada, así que decidió alejarse de la ciudad e ir al bosque de bambús, un paraíso natural que estaba cerca.

Quizás ahí encontraría la solución que necesitaba.

Pandora se internó cada vez más en lo profundo de este misterioso paisaje.

Estaba tan maravillada observando lo verde y natural de este ambiente, tan diferente de sus ciudades, que no se percató que había un gran agujero en el suelo en donde cayó.

Pandora trató de salir de ahí, pero no alcanzaba a subir.

La pequeña panda necesitaba ayuda,

¿pero quién la podría ayudar en ese bosque solitario?

¡Uy, no! ¡¿Y ahora qué hago?! – exclamó Pandora.

De pronto escuchó una dulce voz que la hablaba.

Pequeña panda, ¿qué haces ahí?

Pandora volteó y vio a un ser hermoso y verde de pies a cabeza que, sobre su cabello, tenía una corona de bellas flores.

Hola, soy la Madre Naturaleza, déjame a ayudarte a salir de ahí.

Pandora se quedó boquiabierta al verla.

Ella había oído la leyenda de la Madre Naturaleza, pero nunca pensó que existía en verdad.

La leyenda decía que, antes de que vivieran en ciudades, los animales vivían en armonía con el medio ambiente y acudían a la Madre Naturaleza para que los ayudara con su inmensa sabiduría y generosidad.

Muchas gracias, señora Madre Naturaleza - dijo emocionada la panda - Mi nombre es Pandora.

Hola, Pandora. Cuéntame qué haces aquí.

Entonces Pandora le contó que había ido allí a pensar en una solución para el problema de la basura en su ciudad.

La Madre Naturaleza la escuchó con mucha atención y luego le dijo:

Pequeña panda, voy a compartir contigo una fórmula mágica para crear algo que te ayudará a solucionar el problema que me cuentas… Te voy a enseñar a hacer compost.

La Madre Naturaleza le explicó a Pandora la fórmula del compost, que era un abono natural hecho con residuos que se generan en casa, como cáscaras de frutas y verduras, cáscaras de huevo, té, café, mezclados con papel, cartón, hojas secas y aserrín.

También existe la posibilidad de agregarles unas bolsas especiales.

Se llaman bolsas compostables que no son de plástico.

Si las tienes en casa, las puedes añadir.

La idea es juntar todo en una maceta de barro o una jaba de madera, mezclarlo y siempre taparlo con una tela durante dos meses.

Con esto no solo consigues un abono que ayudará a nutrir tus plantas, sino que reduces la basura que se genera en tu hogar.

Pandora anotó todo lo que le dijo y, antes de irse, le hizo una promesa a la Madre Naturaleza.

Le prometo que compartiré lo que me ha enseñado y haré que mi ciudad sea un lugar con menos basura.

Al llegar a su casa, Pandora empezó a poner en práctica lo que había aprendido.

Luego de varias semanas, el compost estuvo listo y Pandora lo usó en todas las plantas de su jardín.

Los vecinos de la pequeña panda, tras notar que ya no botaban tanta basura, le preguntaban cómo había hecho y ella, sin ningún problema, compartía la fórmula que la Madre Naturaleza le había obsequiado.

Entonces, más y más ciudadanos de Villa Pradera empezaron a compostar en casa.

La ciudad se fue liberando del exceso de basura y todo fue gracias a una panda que les enseñó a los demás la importancia de reutilizar los residuos de sus casas y que el cuidado de la naturaleza puede comenzar en cada uno de nuestros hogares.

Fin

El pozo de la luna

Hace muchos años, existía un pueblo llamado Valle Plateado.

Este era un lugar próspero que había surgido gracias al gran río que bañaba los campos y brindaba agua fresca para todos los hogares.

Las personas se divertían con el agua: los adultos creaban piscinas cavando sus tierras para luego llenarlas y relajarse; los niños se lanzaban globos jugando entre ellos.

Parecía que el agua nunca se terminaría.

Sin embargo, una mañana, algo raro pasó.

En una de las casas, la pequeña Isabel abrió el caño y solo una pequeña gota cayó.

- Qué raro – dijo extrañada Isabel – Probaré en otros caños.

Así lo hizo y lo mismo ocurrió. No había agua.

Isabel se lo contó a sus padres y comprobaron con sus vecinos, que en sus casas tampoco había.

- ¿Habrá pasado algo con el río? – se preguntó el papá de Isabel, preocupado.

- ¡Vayamos a ver! – dijo la pequeña.

Al llegar al río, vieron que este estaba casi seco.

¿Qué sería de todo el pueblo sin el agua del río? ¿Qué sucedería con los cultivos?

Los vecinos llenos de pánico no sabían qué hacer, no habían guardado suficiente agua.

Isabel notó algo en los bordes del río, eran marcas de garras que atravesaban el largo de este, apuntando hacia una dirección, parecían de algún animal poderoso dándole una especie de señal.

Aquella noche, mientras todos estaban preocupados por la crisis, Isabel salió a su jardín, y volvió a ver las marcas.

Esta vez se percató que señalaban hacia arriba en un ángulo perfecto a la luna, subió la mirada, siguiendo las huellas, y se encontró con una perfecta y resplandeciente luna, así que le pidió al espíritu de esta que ayudará a su pueblo.

- Querida luna, salva a mi pueblo por favor. Necesitamos el agua para sobrevivir.

De pronto, el viento empezó a soplar entre los arbustos y una figura se asomó.

Era un gran lobo blanco.

Isabel se asustó al verlo, y en esos segundos que estuvo congelada se dio cuenta que las marcas de las garras coincidían con las del lobo.

- Pequeña, no te preocupes – dijo el lobo – Vengo de parte de la luna. Ella escuchó tu pedido y quiere ayudarte.

Pero deben recordar que muchas personas no tienen la oportunidad de vivir con el agua necesaria para tener sembríos y estar tranquilos en su día a día.

Ustedes la tuvieron y malgastaron, si el agua vuelve tiene que ser porque la van a cuidar.

EL agua da vida a todos: a ustedes, animales, las plantas… Por ella estamos aquí.

Isabel estaba sorprendida, escuchó al lobo con atención, tomando conciencia, porque su pedido había sido atendido.

- Gracias, señor lobo – dijo Isabel emocionada - ¿Qué puedo hacer para que vuelva el agua?

- La luna me encargó que deje mis huellas para que sepas que esta situación tiene solución.

El agua del río se ha secado y no volverá por un largo tiempo. Sin embargo, hay otra forma de que obtengan el agua que necesitan.

- ¿Cuál es esa forma?

- Mañana en la noche, la luna brillará y su luz marcará un punto en el pueblo. Ahí las personas deben construir un pozo.

Un río subterráneo pasa por ahí y les dará el agua que necesitan. Será la suficiente para que sobrevivan ustedes y para salvar los sembríos.

- ¡Gracias! – exclamó Isabel emocionada – Iré a contárselo a los demás.

- Una cosa más – dijo el lobo – Te encargo la misión que todos aprendan a usarla como realmente deberían ¡cuidándola! No lo olvides.

Isabel corrió hasta donde sus padres para contarles la noticia.

Ellos, a su vez, le contaron al resto del pueblo.

Al día siguiente, cuando el cielo nocturno se despejó, la luna llena brillaba como nunca y su luz se posó sobre el centro de la ciudad.

Las personas del pueblo empezaron a cavar con todas sus ganas. Al cabo de un rato, el agua empezó a brotar.

Todos estaban felices, algunos llenaban sus baldes y empezaron a jugar con el agua en celebración.

Isabel, al ver esto, los detuvo. - ¡Paren! No malgasten el agua. ¿No se dan cuenta que el agua es un recurso vital y debemos cuidarla?

Las personas se sintieron avergonzadas y notaron que la pequeña tenía la razón.

Con el pasar de los días, el pozo se terminó de construir e Isabel hacía guardia gran parte de día, para hacerles recordar a sus vecinos que tomen y utilicen el agua con responsabilidad.

Las personas empezaron a comprender que debían ser prudentes con el uso del agua.

De esta manera, el pueblo de Valle Plateado sobrevivió aquella temporada de sequía, gracias a la aparición de aquel lobo fantástico y la ayuda de la luna para encontrar el pozo subterráneo, pero también gracias a la determinación de una pequeña niña que les mostró a todos que debemos cuidar el agua y ser conscientes de su importancia para nuestras vidas.

Fin

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