Cuentos para niños sobre la Fraternidad

Tonkiri y la gran Tortuga

Más allá de los grandes bosques verdes, cerca del río Amazonas, vivía un niño llamado Tonkiri.

Mientras que las demás comunidades de la zona eran famosas por ser la de los más alegres, la de los mejores pescadores, o la de los más grandes artesanos, la aldea de Tonkiri no destacaba en algo específico.

Sería bueno que mi aldea sea la mejor en algo– dijo Tonkiri en voz alta- ¿Pero en qué podría serlo?

De pronto, una voz chillona empezó a hablarle.

¡Oye, niño! ¡Oye, niño! ¡Aquí arriba, aquí estoy!

Tonkiri levantó la mirada y vio a un colorido guacamayo en la rama de un árbol.

El ave lo había estado escuchando y quería ayudarlo.

Si tienes una duda, anda a ver a la Gran Tortuga. Ella es muy sabia.

Ve río arriba hasta las cascadas. Ahí la encontrarás.

Tonkiri le agradeció y emprendió el viaje de búsqueda.

Tomó su bote y remó hasta llegar a las hermosas cascadas.

Buscó por todas partes a la Gran Tortuga, pero no la veía en ningún lugar.

¡Señora Gran Tortuga, señora Gran Tortuga! ¡¿Está por aquí?! – gritó el niño.

De pronto, desde las aguas del rio, se elevó una figura gigante que sorprendió a Tonkiri. Era la Gran Tortuga.

¿Quién me está llamando?

Tonkiri quedó impresionado ante el tamaño del legendario personaje, pero se armó de valor y le habló.

Hola, señora Gran Tortuga. Me llamo Tonkiri y necesito su ayuda…

Entonces, le contó su deseo de hacer que su aldea sea la mejor en algo y que sea tan famosa como las demás. La Gran Tortuga lo escuchó con mucha atención.

No puedo hacer que tu aldea sea famosa -dijo la tortuga -, pero sí puedo ayudarte a que tú la conviertas en un lugar mejor.

Luego de estas palabras, la tortuga sopló sobre Tonkiri.

Te he otorgado una habilidad única, con ella encontrarás lo que buscas.

No te preocupes si no sientes nada ahora mismo, cuando llegues a tu aldea, notarás el cambio.

¡Gracias, señora Gran Tortuga!

Tonkiri se despidió y se apresuró devuelta a su aldea.

Al llegar, notó algo distinto: todo a su alrededor se volvió lento, muy lento.

¡Era la habilidad que le había dado la Gran Tortuga!

Con ella, Tonkiri empezó a observar todo lo que pasaba en su aldea; sin embargo, por más que veía a las personas a su alrededor, no notaba nada espectacular.

Decepcionado, decidió volver con la Gran Tortuga, quizás ella le podría explicar qué pasó.

Señora Gran Tortuga, señora Gran Tortuga gracias por la habilidad que me dio – dijo Tonkiri -, pero no pude averiguar nada con ella.

¡Oh! Cuéntame qué viste – respondió la tortuga.

Entonces Tonkiri le narró lo que había observado, cómo era la vida cotidiana en su aldea.

Por ejemplo, le dijo que había visto a su amiga Ino ayudando a los ancianos a caminar, a un joven llamado Koshi compartiendo su pesca con sus vecinos, y cómo Sani, un niño alegre de la aldea sembraba nuevos árboles después de que los adultos talasen unos.

La Gran Tortuga lo escuchó detenidamente y luego le preguntó:

¿Y no te parece espectacular lo que viste?

¿Cómo así? – contestó Tonkiri intrigado.

Te dije que te ayudaría descubrir cómo hacer de tu aldea un mejor lugar y la clave está en lo que me cuentas, en esas acciones que pasan desapercibidas.

No todos ayudan a los ancianos, comparten con los demás o se preocupan por plantar árboles. Si más personas hicieran lo mismo, todo mejoraría.

Entonces, Tonkiri comprendió que él había identificado todas las buenas acciones que harían de su aldea sea un lugar mejor para vivir.

¡Gran Tortuga! Muchas gracias – dijo Tonkiri con emoción.

El niño regresó a su aldea y vio que todo había vuelto a la normalidad.

Reunió a todos y compartió con ellos su fantástica aventura con la Gran Tortuga y la lección que había aprendido:

No hay una sola forma de hacer que la aldea sea mejor, sino varias cosas que todos podemos hacer para contribuir a que mejore.

Tras escuchar a Tonkiri, la gente de la aldea empezó a poner de su parte e imitar las buenas acciones de otros, haciendo del lugar en el que vivían uno mejor cada día.

Fin

Jazmín y la playa

Todos los veranos, hace algunos años, miles de personas visitaban una hermosa playa llamada Nueva Ola.

Además de diversión y sol, en la playa, los turistas podían encontrar lindas tortugas marinas, tan amistosas que podías nadar con ellas.

Este pequeño paraíso también era frecuentado por Jazmín y su papá, don Julio, el salvavidas de la playa.

Don Julio, además de vigilar que todo anduviera bien en la playa, se interesaba por las actividades de su hija:

Celebraba sus pequeños y grandes logros, y la impulsaba a desarrollar su creatividad de diversas formas.

- Hija, ¿qué planes tienes para hoy? ¿Construir un castillo de arena, leer un libro, dibujar al aire libre, visitar un museo?

- Más tarde iré a practicar con mi guitarra– respondió Jazmín – Pero ahora voy a meterme al mar.

Jazmín caminó hacia el mar y empezó a meterse poco a poco.

Ya estaba hasta la cintura cuando, de pronto, notó que una gran ola se acercaba desde el fondo.

Jazmín quiso retroceder, pero algo se había enredado con sus pies y no le dejaba caminar.

La ola se acercaba cada vez más y Jazmín no lograba zafarse.

Don Julio, desde lejos, vio que su hija tenía problemas y fue a toda prisa a su rescate.

Se zambulló en el mar y vio que una gran cantidad de residuos se había juntado, como una red que había atrapado a su hija.

Usando toda su fuerza, don Julio logró liberar a Jazmín a tiempo.

- ¡Gracias, papá! – dijo aliviada Jazmín - ¿Qué era lo que no me dejaba caminar?

- Eran desperdicios en el fondo – contestó don Julio – Iré a inspeccionar de nuevo, para que esto no vuelva a pasar.

Don Julio se zambulló nuevamente y vio que había todo tipo de basura.

Estos deshechos eran peligrosos para las personas, pero también para los animalitos de la playa, como las tortugas, que podían quedarse atrapadas ahí.

Luego de bucear, don Julio notó que muchas personas dejaban su basura en la arena y que, pese a haber tachos, no los usaban.

La gente estaba más interesada en jugar en la playa, practicar deportes y divertirse.

- ¡Papá!, esto no puede quedarse así – dijo Jazmín - ¡Hay que hacer algo!

- Yo me encargo, hijita, quédate tranquila.

Sin embargo, don Julio no pudo hacer mucho.

Pese a que instaló más tachos, puso letreros, habló con los bañistas, las cosas no mejoraban.

Al ver que los esfuerzos de su papá no calaban en la gente, Jazmín decidió apoyarlo.

- Tengo que encontrar la manera de que la gente deje limpia la playa. Pero ¿qué puedo hacer?

Jazmín se puso a pensar y pensar. Debía haber una forma creativa para hacer que las personas cambien de actitud.

Entonces, Jazmín empezó a observar a la gente de la playa y se dio cuenta que muchos de los niños y jóvenes estaban interesados en competir entre ellos, se esforzaban por demostrar quién era el mejor, ya sea jugando vóley, fútbol o nadando.

Fue ese momento que se le ocurrió una gran idea que puso en marcha con ayuda de su papá.

A la mañana siguiente, las personas que llegaban a la playa de Nueva Ola quedaban sorprendidas con lo que veían.

Alrededor de los tachos, la gente se congregaba para ver una competencia inusual.

Jazmín y don Julio habían puesto unas cestas de basquetbol y un contador electrónico sobre los tachos para que la gente compita, quien encestaba más latas, botellas u otros desechos en un minuto ganaba.

- ¡Don Julio! ¡Qué gran idea! – dijo uno de los chicos.

- ¡Este deporte es único! – agregó otra joven – Además, mantiene la playa limpia.

Todos felicitaron al salvavidas, pero él reveló de quien era realmente la idea.

- Gracias, muchachos – respondió don Julio – Pero el mérito es de mi pequeña.

Ella notó el problema con la basura y se le ocurrió la idea de los arcos de basquetbol.

Todos llenaron de vivas a Jazmín y la levantaron en hombros.

La niña estaba muy feliz por el reconocimiento, pero sobre todo porque había ayudado a mantener su querida playa limpia y contribuido a que los animalitos del mar vivan libres de contaminación.

Además, la creativa idea de Jazmín sirvió de ejemplo para que otros niños también desarrollen su pensamiento creativo, con ideas únicas y originales que ayuden a encontrar soluciones a los problemas de la comunidad.

Fin

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