Cuentos para niños sobre el Respeto

El gran Poder

Atravesando el océano se encuentra Zéfiro,

una isla secreta donde vivían todo tipo de hormigas

sumamente trabajadoras.

Una de las hormiguitas se llamaba Saim,

e iba siempre de un lado a otro con mucha rapidez

y gran entusiasmo.

Saim tenía un gran amigo llamado Rinol,

una hormiguita de color azul y celeste.

Ambos ayudaban a las personas del pueblo

en cosas cotidianas,

pero había una diferencia,

los ciudadanos de Zéfiro estaban encantados con Rinol

pero con Saim se ponían de mal humor.

Él no entendía por qué pasaba eso,

pero no le daba mucha importancia al asunto,

pues creía que era algo pasajero.

Una mañana mientras caminaban por la ciudad,

Saim le dijo a Rinol:

“Ayudé ayer a ese señor con sus compras."

"Como recompensa ahora tomaré su bici."

"Igual él me la iba a prestar, y se la devuelvo mañana”.

“Pero tienes que pedirle permiso, está mal lo que estás haciendo”.

Le advirtió Rinol.

“No creo, tranquilo, mañana se la devuelvo y todo bien”,

expresó con seguridad Saim.

Saim se fue a pasear en la bici, y se divirtió mucho.

Al día siguiente cuando estaba yendo a devolverla,

el dueño lo estaba esperando en la puerta de su casa y le dijo:

“Debes tener un poco de consideración Saim,

yo no te la he prestado”.

“Solo fue un ratito, acá está tu bici,

no le falta nada, me voy y ya no te ayudaré más”,

respondió Saim enojado.

A los tres días, Saim pasó por la casa del mismo señor

y vio cómo trataba bien a Rinol,

le sonreía y hasta le prestó su bici.

Saim pasó de largo y se topó con una señora hormiga con bolsas grandes.

La ayudó a cargar sus bolsas de compras,

pero al ver que tenía una manzana, la tomó y le dijo:

“Esto es por haberte ayudado”.

La señora lo miró con el ceño fruncido y él se fue.

La semana siguiente, Saim volvió a notar que las

personas trataban de forma diferente a Rinol.

Se quedó sorprendido y decidió armar un plan de

seguimiento como un detective para saber la verdad sobre el poder de Rinol,

que hacía que las personas le respondieran siempre con una sonrisa.

Entonces empezó su plan de espionaje y vio a Rinol

llegar a la casa de una señora que le había encargado

unas compras y ella amablemente le regaló cuatro manzanas.

“¿Y por qué le regala manzanas? No entiendo nada,

si yo ayer le hice un mandado similar

y no me regaló nada, solo tomé una sola manzana”,

se preguntó Saim, perplejo.

Luego, Rinol llegó a la casa de otra hormiguita

para ayudarlo a reparar su bicicleta.

Cuando terminó, la hormiguita le agradeció.

“¿Por qué le da las gracias? ¿Qué es eso?”,

Saim pensó, confundido.

De repente, mientras caminaba,

Rinol sintió que alguien lo observaba,

y vio a Saim oculto detrás de un árbol.

“Ya te vi, no tienes que esconderte,

sé que me has estado siguiendo. ¿Por qué?”,

le preguntó, entre risas, Rinol.

“Quería descubrir tu gran poder para que las personas te traten bien siempre”,

admitió Saim.

“La verdad es que mi gran poder, como tú lo llamas, es algo muy simple”,

le explicó Rinol.

“Yo también quiero ese poder, para que todos sean amables conmigo”,

dijo Saim.

“El gran poder son las palabras: Por favor, gracias, perdón y permiso”,

le explicó Rinol.

Al día siguiente Saim, debía pedirle permiso para

usar una herramienta a una señora hormiguita que estaba siempre enfadada.

Haciendo uso de su nuevo poder,

Saim usó las simples palabras que le había revelado Rinol.

“Señora, buenas tardes. Vengo por la herramienta que

me encargó mi papá, ¿me lo podría prestar por favor?”.

La hormiguita renegona respondió:

“Claro, hijo, te la presto. Muchas gracias por venir”.

Saim quedó perplejo con lo que había sucedido

y comenzó a repetir las palabras mágicas una y otra vez.

Tras recoger la herramienta para su papá,

Saim buscó a Rinol y le contó con emoción lo que acababa de suceder.

“Rinol, tenías razón, el poder de las palabras que me

enseñaste son mágicas, la verdad que ahora todo es diferente, las usaré siempre”

“Claro Saim, y así debe ser siempre.

Te diste cuenta sobre lo importante que es tener buenos modales.

Nuestra siguiente misión es enseñarles a todos a utilizar este gran poder”,

afirmó con entusiasmo Rinol.

“¡Sí Rinol, quiero enseñarles a todos lo lindo que es este poder! “,

expresó muy alegre Saim.

Desde esos días, los ciudadanos de Zéfiro

lo trataban amablemente y siempre le regalaban una sonrisa al verlo.

Los buenos modales, además de ser un gran poder,

muestran el respeto que le tenemos a los demás

y hacen que todos nos ayudemos mutuamente.

Fin

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