Cuentos variados para niños

Marcela y el Pirata

Hace mucho tiempo, había un puerto llamado Perla Blanca

cuya fama se extendía por los siete mares debido a que,

en una de sus playas, se encontraba un enorme barco pirata abandonado.

La leyenda decía que el barco se quedó encallado ahí

luego de un gran combate donde el capitán pirata fue derrotado por la Marina Real.

Cuando escuchaban esta historia en la escuela de marineritos,

los niños se emocionaban y gritaban

“¡Yo quiero ser de la Marina de Perla Blanca!,

¡yo también!, ¡y yo!”.

Todos compartían ese deseo… a excepción de Marcela.

Ella gritaba: “¡Yo quiero ser pirata!”.

Me gustaría viajar por los 7 mares.

-decía la niña -

¡Con un parche en el ojo, un gran sombrero negro y un loro parlanchín sentado siempre sobre mi hombro!

Al padre de Marcela, don Fredo, no le gustaba tanto aquella idea.

Él era un hombre que disfrutaba la vida apacible del puerto

y deseaba lo mejor para su pequeña hija.

Sin embargo, la fascinación de Marcela por los piratas

era tan inmensa como su amor por el mar,

y se tornó incluso más intensa cuando escuchó a un viejo marinero

contar que el capitán del barco abandonado

era nada menos que el legendario corsario Al Barba Grande.

Marcela, maravillada con esta historia,

se propuso ir a conocer el famoso barco por dentro.

Quizás, con un poco de suerte, encontraría al desparecido Al Barba Grande.

Papá, por favor, llévame a ver el barco pirata,

pidió Marcela. Pero don Fredo, con mucha dulzura, se negó.

Hija, no vayas a ese sitio.

Escucha y confía en mis palabras:

no hay nada divertido en ser pirata. Te lo digo por experiencia.

Marcela pensó que su papá era un aburrido.

A la mañana siguiente, lo desobedeció y se fue sola a explorar el barco.

Cuando entró al navío, descubrió que el lugar era increíble.

Lo recorrió de proa a popa hasta encontrar la cabina del capitán.

Allí había un enorme escritorio con cartas y un lápiz de carbón

y, colgado en un pared, un retrato de Al Barba Grande, quien lucía imponente,

pero a la vez tenía una sonrisa divertida.

Marcela estaba admirando la pintura cuando, de repente, oyó algo extraño.

¡Pum, pum, pum!, empezó a sonar.

Parecían unos pasos que cada vez se escuchaban más cercanos.

Marcela se escondió debajo del escritorio.

Desde ahí, pudo ver que un hombre había entrado a la cabina.

No podía ver su rostro, pero Marcela estaba segura de que se trataba del mítico pirata.

¡Marcela!, ¿estás ahí? – dijo el individuo.

La pequeña se sorprendió.

No podía creer que Al Barba Grande supiera su nombre,

así que salió de su escondite y grande fue su sorpresa

cuando vio que se trataba de don Fredo, su papá.

¿Qué haces aquí? – preguntó don Fredo-.

Te dije que no vinieras.

Marcela estaba avergonzada y no supo qué responder.

Don Fredo la miró con ternura y le dijo:

“Bueno, ya que estás aquí, te doy la bienvenida a mi barco”.

La niña quedó sorprendida.

Entonces don Fredo se adelantó y, antes de que Marcela dijera algo,

le contó que su nombre completo era Alfredo

y hace muchos años los marineros lo conocían como Al Barba Grande.

Yo fui un pirata, hija – explicó don Fredo -.

Llevé una vida peligrosa, que no fue tan divertida como cuentan algunas historias.

¿En serio, papá? – preguntó Marcela - ¿Tú fuiste Al Barba Grande?

Don Fredo se rio ante la incredulidad de su hija,

así que cogió el lápiz de carbón que había sobre el escritorio y se pintó una oscura barba.

A ver, hija, ¿ahora sí me parezco al retrato?

Marcela vio a su padre y al retrato, y comprobó que eran la misma persona,

pero no solo por la barba, sino también por la alegre sonrisa.

Hija, sé que sueñas con ser pirata, pero te recomiendo que lo pienses bien.

Hay otras formas de viajar por el mar y vivir aventuras.

Marcela sintió franqueza y cariño en cada una de las palabras de su padre,

y entendió que su consejo se basaba en lo que él había vivido en el pasado

y su sincero deseo de una mejor vida para ella.

Desde ese entonces, Marcela fue más obediente y aprendió lo importante

que es saber escuchar a quienes nos guían con su experiencia.

Esta lección la acompañó toda su vida y la compartió con toda su tripulación

cuando se convirtió en la primera capitana de la Marina Real,

enorgulleciendo a todos en el puerto, y especialmente a su papá.

Fin

El gran descubrimiento

Más allá de las estrellas que ves en la noche,

existe un planeta llamado Argón.

Allí vivía Selena, la más grande exploradora de la galaxia

Desde niña, había sido preparada para explorar los más remotos parajes del cosmos

y traer nuevos descubrimientos a su planeta.

Todos en aragón la admiraban:

"Qué talentosa eres Selena" le decía.

La pequeña exploradora agradecía los halagos,

pero en el fondo no se sentía motivada

y en privado, con cierta frecuencia,

cambiaba la sonrisa de gratitud por una expresión de tristeza.

Un día, el maestro Ultra, quien había sido su mentor,

le recomendó una nueva misión, una que sería muy especial.

"Selena, se dice que en el planeta Gemalaxi existen gemas mágicas.

Ve y descubre la fuente de su poder".

Inmediatamente, Selena se enrumbó en aquella misteriosa búsqueda.

Cuando estaba en su nave, ella siempre aprovechaba para imaginar

cómo sería su vida si escribiera historias.

Quería dedicarse a eso, pero no se animaba a decirlo

porque todos en Argón contaban con que cumpliera con sus misiones

e hicieran nuevos descubrimientos.

Luego de atravesar unas cuantas constelaciones,

Selena llegó a que Gemalaxi y fue recibida por sus amistosos habitantes.

Ellos le contaron que las gemas eran tan poderosas

que se usaban como fuente de energía.

y si quería saber más sobre ellas, debía ir a las cuevas mágicas.

"Ahí descubrirás el secreto de su poder y podrás conseguir una",

le dijeron.

Selena se apresuró y fue hasta allá,

sin embargo cuando llegó vio algo que le llamó mucho la atención.

Las personas entraban con piedras comunes a las cuevas

y salían con gemas hermosas.

"Buenos días, ¿cómo convierten las piedras en gemas?",

preguntó Selena al guardián de la cueva.

"Es sencillo", respondió el guardián.

"Estas piedras se transforman en gemas

cuando las personas expresan frente a ellas lo que verdaderamente sienten.

¡Vamos, inténtalo!

Sólo tienes que pensar en la persona a la que le quieres decir algo

y dejar que fluyan tus emociones de la manera más sincera que puedas".

selena estaba asombrada y preocupada,

pues no sabía bien cómo expresar sus emociones,

sin embargo, tomó aire y se armó de valor.

Cogió una piedra redonda e ingresó a la cueva.

Ahí dentro pensó en el maestro Ultra y en aquello que tanto quería decirle,

pero no se había atrevido aún.

"Quiero dejar de ser exploradora para empezar a escribir historias".

Dijo Selena, en voz alta mientras cerraba los ojos.

"No me había animado a contarlo antes porque no quería defraudar

a todos los que estaban contentos conmigo haciendo descubrimientos".

Al abrir los ojos, Selena vio que tenía un enorme gema verde en sus manos

que brillaba como una estrella.

Todos los que estaban ahí presentes quedaron impresionados.

¡Felicidades pequeña!, exclamó el guardia.

"Es una gran gema. Significa que tus emociones eran fuertes.

Sería bueno que, eso que dijiste,

también se lo digas a las personas en las que pensaste".

Selena agradeció a todos y se marchó pensando en las palabras del guardia.

Tras aterrizar en Argón,

Selena buscó al maestro Ultra para darle su reporte.

Ella estaba nerviosa.

"¡Selena! Cuéntame qué descubriste,

dijo el maestro con mucha curiosidad.

Entonces, Selena le contó lo que había pasado:

como las gemas eran una fuente de energía

y cómo se originaban a través de las emociones.

"¡Impresionante!", dijo,

"¡Qué gran descubrimiento!"

"Maestro, pero hice otro descubrimiento,

uno muy importante para mí"

Entonces Selena le contó lo mismo que dijo frente a la piedra.

El maestro Ultra la escuchó con atención de principio a fin.

Y luego, con mucho cariño, le dijo:

"Selena, qué bueno que descubriste eso, siempre es bueno expresar

y compartir lo que sentimos y no tenerlo guardado.

De ahora en adelante, debes hacer lo que más te motive."

La niña sintió una alegría inmensa

y se dio cuenta de que expresar lo que sentía,

y que tanto tiempo había guardado, no resultó tan problemático.

Todo lo contrario, ahora podía ser verdaderamente feliz.

A partir de aquel episodio,

Selena se dedicó a publicar lindas historias

que los habitantes de Argón disfrutaban mucho,

tanto como ella al escribirlas.

En sus historias, Selena siempre compartía lecciones

y su favorita era aquella que enseñaba lo importante que es expresar

con franqueza lo que sentimos.

Fin

La capa mágica

En una tierra muy lejana, se encontraba el Reino de la Montañas.

En el palacio, vivía un príncipe muy querido y consentido por todos, su nombre era Leo.

Desde muy pequeño, siempre había recibido mimos y regalos.

Sin embargo, en el día de su décimo cumpleaños, ocurrió algo muy especial.

Aurora, su hada madrina, le entregó una capa verde de algodón.

Si bien parecía simple a primera vista, poseía un poder en su interior.

Con ella puedes volar – le dijo Aurora a su ahijado –

Pero recuerda que, como es un objeto mágico, necesita que la cuides mucho.

Si la descuidas, perderá su poder.

El príncipe estaba maravillado con el regalo y se puso la capa inmediatamente

sin prestar mucha atención a la advertencia de su hada madrina.

A toda velocidad, salió del palacio rumbo al bosque real

y, sin medir las consecuencias, se puso a volar entre los enormes árboles.

Todo iba bien, pero una ramita se enganchó con su capa y le hizo un pequeño agujero.

Seguro no pasa nada- pensó Leo y siguió adelante.

Durante los siguientes días, el príncipe no se preocupó por reparar agujero de su capa

y siguió volando entre las torres del castillo,

pero llegó un momento en el que ya no pudo volar más.

El agujero de su capa era ya muy grande y la magia se había ido.

¡Por favor, regálame otra capa! - rogó el príncipe a su hada madrina.

Está bien, pero ten más cuidado esta vez -dijo Aurora.

Hacer una capa mágica demanda mucho esfuerzo.

Leo prometió que así sería.

Sin embargo, no había pasado ni un día desde que recibió su nueva capa

y se fue otra vez al bosque para volar sobre los árboles. Como era de esperarse, nuevamente rompió su capa.

¡No otra vez! - se lamentó Leo - Le diré a mi hada madrina que me haga una nueva.

Pero, cuando fue a pedírselo, los guardias le dijeron que ella había salido del palacio

y no sabían cuándo volvería.

Leo no quería esperar, así que tomó el libro de hechizos de Aurora

para descubrir cómo hacer la capa mágica por sí mismo.

Seguro no es tan complicado – pensó el muchacho-

Solo tengo que usar cualquier capa y aplicarle el hechizo correcto.

Para sorpresa de Leo el hechizo era muy complicado;

sin embargo, lo que más le llamó la atención era el requisito que estaba escrito en el libro:

“Para que la magia de este encantamiento tenga efecto,

uno mismo debe tejer la capa y poner todo su cariño en ella”.

Quizás tejer no sea tan difícil– se dijo Leo a sí mismo.

Él encontró uno ovillos de algodón y palitos para tejer, y se aventuró a tejer su propia capa.

Sin embargo, por más que lo intentó, no pudo hacer nada y terminó enredado entre los hilos de algodón.

Entonces, el príncipe se dio cuenta que su hada madrina

había tenido que esforzarse dos veces tejiendo, y él no había valorado ese esfuerzo

ni había sabido cuidar los regalos que, con tanto cariño, le había hecho.

Cuando su hada madrina apareció, él le contó lo que había pasado.

¿Deseas que te haga una nueva capa? – preguntó Aurora.

No – respondió Leo para para sorpresa de su hada madrina.

Pero necesito que me hagas otro favor: enséñame a tejer una capa.

Me gustaría comprender el trabajo y dedicación

que le pusiste a cada una de las capas mágicas que me regalaste.

Está bien – respondió Aurora con mucho gusto - ¡Manos a la obra entonces!

A partir de ese momento, el príncipe empezó a aprender a tejer,

y también a ser más considerado con las personas, reconociendo el esfuerzo que cada uno de ellos hacía

en favor de él y siendo más cuidadoso con todo lo que tenía.

Tras muchos meses de práctica y trabajo, Leo pudo por fin terminar su primera capa.

Querida hada, nunca pensé que tejer esta capa demandaría tanto esfuerzo y tiempo

- dijo con alegría el príncipe -

Todo esto me ha servido para aprender a valorar mucho más

a las personas que como tú se han esforzado por mí.

Me hace feliz que hayas aprendido algo nuevo -afirmó Aurora-

Y me enorgullece que hayas aprendido a valorar a los que te rodean y apreciar su esfuerzo.

Desde aquel día y durante toda su vida, Leo mantuvo su capa.

Cuando se convirtió en rey, siempre solía contar la historia detrás de su capa

para enseñarle a los demás sobre la importancia de valorar a las personas

y las cosas que con esfuerzo y cariño nos dan.

Fin

Juan el asombroso

Esta la historia de un pequeño niño llamado Juan quien, a simple vista, parece ser un niño común y corriente:

estudia y hace sus tareas, juega con sus amigos y ayuda con ciertos quehaceres del hogar.

Lo que muchos no saben es que tiene varios apodos.

Sus amigos lo llaman “Juan, el asombroso”, mientras que sus hermanitos le dicen “Juan, el valiente”, y, a veces, se ha escuchado a sus papás decirle “Juan, El Mago”.

¿Cómo puede estar su nombre siempre acompañado de grandes descripciones?

Pues Juan se había ganado dichos nombres gracias a las fantásticas historias que contaba todos los días.

Cuando salía a jugar pelota con sus amigos, aprovechaba los descansos para narrar una aventura maravillosa que dejaba a todos deslumbrados.

Dinosaurios, superhéroes, piratas, eran algunos de los protagonistas de los cuentos que Juan siempre tenía listos para impresionar a todos.

“Y entonces el tiranosaurio rex corrió tras los triceratops hasta que…” – dijo Juan.

Cuando estaba con sus hermanitos, les contaba grandes historias de niños que dominaron fieras o que ayudaron a defender a un pueblo de un villano.

“Y así fue como Pablo amarró al gigante y salvó a su pueblo”.

Explicó Juan a sus hermanos.

Y a sus papás siempre los sorprendía con trucos de magia.

Nadie sabía dónde o cómo los aprendía, pero todos los días tenía un nuevo hechizo bajo la manga.

“Nada por aquí, nada por allá, esta carta … ¡ya no está!”

Sorprendió Juan a sus papás.

Un día, sin embargo, llegó un comunicado a la casa de Juan.

“La biblioteca cierra en 5 días ya que muy pocas personas la visitan.

Fue un gusto para quienes apreciaron los libros que tenemos aquí”

Decía el comunicado.

Juan no podía creer lo que estaba escuchando.

¡Iban a cerrar su lugar favorito en el mundo!

Ahí había encontrado libros llenos de aventuras; descubrió que le encantaba hacer magia, y gracias a la lectura pudo entretener a sus hermanitos sin necesidad de ver televisión.

Juan salió desesperado a la calle donde se encontró con sus amigos.

Los paró en medio de la vereda y les dijo:

“Amigos, tenemos que ir a la biblioteca.

La van a cerrar, pero si vamos todos juntos estoy seguro de que lograremos que no pase eso."

Dijo Juan enérgico.

“¿A la biblioteca? ¿Para qué? Ahí no pasa nada divertido."

Dijo uno de los amigos de Juan.

Juan tuvo otra idea: llevar a sus papás y hermanitos, así verían como toda una familia disfruta de los libros.

“Papá, mamá, rápido, vamos a la biblioteca.

Tengo algo que mostrarles ahí” Dijo Juan esperanzado.

"Hijo calma… ahora no podemos acompañarte y tus hermanitos están viendo televisión.

¿Por qué no vamos otro día?" Dijo muy calmado el papá de Juan.

Juan se quedó pensativo unos minutos.

Se dio cuenta que solo él entendía lo importante que era leer y todo lo maravilloso que había sacado de eso.

Es así como decidió poner otro plan en acción.

Así que enrumbó hacia la biblioteca.

Allí tomó varios libros y los llevó a sus amigos.

Les narró más historias, pero con un pequeño truco: no les reveló el final.

Los invitó a descubrir qué pasaba con los protagonistas visitando la biblioteca.

“Si quieren saber qué pasa con Barba Roja y su tripulación,

¡deberán ir a la biblioteca y leerlo ustedes mismos!”

Les dijo emocionado a sus amigos.

Luego fue donde sus hermanitos y les dijo que harían una excursión

donde solo los niños valientes aprecian lo que verán.

Así sus hermanitos felices lo siguieron, hasta que dieron a parar a la biblioteca.

“Descubrir por ustedes mismos este mundo fantástico es de valientes.

Escojan lo que quieran leer de ese pasillo y verán” – Juan les dijo a sus hermanitos.

Los hermanitos salieron corriendo a cumplir ese gran reto.

Y el toque final de su plan, debía hacer una última parada: llevarles un libro de magia a sus papás.

Fue así como les mostró paso a paso cómo había aprendido uno de sus trucos e invitó a que ellos lo intenten:

“Y luego dicen abracadabra…. ¡Y listo!”

Juan les dijo a sus padres.

Para sorpresa de sus padres el truco les salió perfecto.

En ese momento, Juan los invitó a la biblioteca a descubrir una nueva afición o pasatiempo como él la había encontrado con la magia.

Cuando Juan terminó todo su plan, se dio cuenta que ellos también habían compartido esta experiencia con otras personas y esas personas con otras personas hasta que de pronto la biblioteca tuvo gente de todas las edades disfrutando todo tipo de libros.

Gracias a la acción de Juan, la biblioteca no tuvo que cerrar, las personas de su pueblo se interesaron mucho más en la lectura y los mundos fantásticos a los que te puede transportar.

Ahora él ya no contaba las historias solo, sino que las compartía y escuchaba con sus amigos y familiares.

El apodo de Juan no cambió, al contrario, ahora todos lo conocían como Juan, el niño mago valiente y asombroso que salvó la biblioteca.

Fin

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